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Mi pequeño rio - María Jesús Velasco

Sí, en mi ciudad tambien hay un rio, de muy escaso caudal, sí, pero rio a fin de cuentas.
Creo que en otro tiempo tenía más agua, ya que las mujeres lavaban en él la ropa, como en casi todos los rios.
Como ciudad del interior, no tiene mar, por lo cual en ciertas partes del rio, gracias a las compuertas existentes, se acumula algo más de caudal en algun tramo y se hace navegable en barca y hasta se puede practicar la pesca, si bien esto ocurre solo en verano.
Mis recuerdos de niñez-adolescencia, a orillas del Manzanares, asi se llama el rio de mi ciudad, son, como nó, acompañada por mis padres, pasar los domingos a su vera comiendo y viendo pescar barbos y otros pececillos comestibles, de los cuales, los pescadores, amigos de mi familia, nos regalaban algunos, siempre que el día hubiera sido de buena pesca.

Mi padre y yo saliamos de casa a eso de las 7 de la mañana, montabamos en el metro hasta la estación más cercana a la parada del autobus que nos llevaba a un complejo deportivo, que en aquellos momentos se llamaba Parque Sindical Deportivo Puerta de Hierro, ubicado a orillas del rio, constaba de varios merenderos, una cancha de baloncesto, un campo de futbol, una pista de patinaje y algunos otros complejos para practicar más deportes, pero de todos el rey, en este caso reina, era una gran piscina dividida en tres espacios, para niños, adultos y olimpico, podias pasar de uno a otro sin salir del agua.
En aquella epoca era la unica piscina que existía en Madrid para la clase trabajadora, por lo que los domingos y dias de fiesta estivales, se llenaba a tal punto que no podias ni bañarte en la piscina sino era diciendo: "Por favor dejen paso". Por lo que a la hora de apertura, 8 de la mañana, la gente se apiñaba en las puertas, para una vez abiertas, salir corriendo a los merenderos y obtener mesas y sillas.
A eso de la 1 del mediodia, aparecia mi madre con la comida, no era comida de campo al uso, rara vez llevaba filetes empanados o tortilla de patata, sino albondigas en salsa, pollo en pepitoria, con su salsa de piñones y huevo duro, en fin cosas así, que hacian las delicias, tanto de mi padre como las mías y era la envidia del resto de las personas que estaban comiendo alrededor.
Ya bien entrada la noche que, cansados por el calor y por haber "practicado la natación" en la piscina, ya que en el rio no estaba permitido bañarse, volviamos a casa los tres, contentos y felices, soñando con el domingo siguiente.

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