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Townstories

Stand:


LA PLAZA DE LAVAPIES

de Pepa González


La Plaza de Lavapies es irregular, se ensancha, se estrecha y se vuelve a Ensanchar. En su cabecera desembo Can cinco calles: Sombrerería, Lavapies Olivar, Ave María y Fe, todas tienen connotaciones religiosas artesanales.

Esta plaza contiene actualmente, en su Parte central, una boca del metro, un Quiosco de periódicos y unos bancos, También hay farolas de alumbrado. Anti Guamente había una fuente y unos urina Rios y varias tiendas de ultramarinos, co Mo se llamaba entonces a los supermercados , desgraciadamente desaparecidos. En uno de los extremos, de La plaza existía hasta hace poco un teatro, el Olimpia, antes cine, que ha sido derribado por el ansia especuladora de la Administración.

Se conservan casi todos los edificios de la Plaza, del siglo XIX, salvo un corralón al que llamaban "El cuartelillo", que se demolió en los años setenta. Este corralón inmenso, que cogía toda una manzana, era en sí un pueblo dentro del barrio. Debía de ser del siglo XVIII; su interior estaba rodeado de largas galerías con puertas abiertas hacia ellas, cada una daba a una Vivienda. Había un enorme patio central y en él una fuente con lavaderos donde las mujeres lavaban la ropa que luego colgaban en cuerdas, tendidas entre gigantescos árboles. En verano, como hacia tanto calor y las casas estaban invadidas por las chinches, los vecinos Sacaban los colchones a la plaza de Lavapiés y allí dormían.

En esta plaza se instalaban por la verbena de San Lorenzo los patéticos tiovivos de la Posguerra y los puestos de churrosw. En el barrio conocí a un matrimonio de ciegos que cantaban y vendían unas coplas que eran una especie de crónica sangrienta; cada uno llevaba un garrote descomunal, con el que se atizaban unas palizas tremendas entre insultos y blasfemias, lo que, desgraciadamente, hacía las delicias de los espectadores. También conocí a una mujer que en su juventud había sido una conocida canzonetista, pero la pobre se habia dado a la bebida y andaba siempre por la calle, interpelando a todo bicho viviente para que la convidaran a un trago; UN MUNDO SOLANESCO, EN FIN.